Desde el 24 de diciembre 2024 hasta el 6 de enero 2026, la Iglesia católica en todo el mundo celebra el Jubileo, con el lema “Peregrinos de Esperanza”. Y son precisamente signos de esperanza los que acompañan la comunidad cristiana presente en Nador en este año 2025. Veamos cuáles son y a qué personas se refieren.
Por una parte, son protagonistas de esperanza las religiosas Esclavas de la Inmaculada Niña, popularmente conocidas como las “infantitas”. La comunidad actualmente está formada por Auxilio, María Rosa y Celina; cada una, a su manera, celebra con júbilo este tiempo de gracia.

Auxilio Titos dio gracias a Dios por sus 95 años de vida el 24 de mayo de este año, haciendo honor a su nombre de pila. Todos los que la conocen se asombran de su vitalidad y su deseo de seguir viviendo por Dios y para el prójimo, con nuevos proyectos al servicio de la promoción de las mujeres en estas tierras.
María Rosa Megías cumplirá 50 años de presencia en Marruecos el próximo 12 de septiembre. Toda una vida, se diría, dedicada a dar testimonio del Evangelio, con la vida y con las palabras, en las obras de su congregación en Alhucemas y Nador.
Celina Pérez tendrá que esperar al 2026 para celebrar su 50º aniversario de profesión religiosa, pero desde ya da gracias a Dios por poder estar en Nador, desde el 2023, y durante muchos años en la vecina Melilla, además de otros destinos en su natal México y en España.

En Nador también está presente una comunidad de la Hijas de la Caridad. Entre ellas, la hna. sirviente es sor Carmen Aurelia García, que lleva más de 30 años en Marruecos, desarrollando diversos servicios y ahora, en Nador sirve en la Dar Heria o Casa de Acogida. Desde el nacimiento de DDM han colaborado y no ha faltado una Hija de la Caridad en el campo sanitario. Actualmente está sor Anna Plis, hermana de Polonia. Ella lleva algo más de un año entregada totalmente al acompañamiento de personas enfermas. En abril se incorporó a la comunidad Sor Mª Carmen Polo para reforzar ambos servicios y a la comunidad.
Aun siendo conscientes de la fragilidad de las comunidades cristianas y de la presencia de la vida consagrada en estas tierras, damos gracias a Dios por los signos de esperanza para el Reino de Dios que suscita en esta tierra marroquí.