Charles de Foucauld: hermano universal

Charles de Foucauld, será canonizado el 15 de mayo junto a otros nueve beatos, en la primera de las canonizaciones después de la pandemia. En el prefacio del libro de la hermanita Annie de Jesús: Charles de Foucauld sur le pas de Jésus de Nazareth, se afirma que el hermano Charles es más admirado que conocido. En lo personal, me identifico con esa admiración más que con su conocimiento, pues siempre he querido al hermano Charles de Foucauld; pero ha sido ahora, haciendo camino juntos con la Iglesia que vive en Marruecos, que he podido descubrirlo un poco más.

Cuando los javerianos llegábamos a Marruecos, en octubre 2020, se acababa de constituir un equipo interdiocesano para preparar y animar la canonización y las celebraciones en torno a Charles de Foucauld. Este artículo quiere transmitir esta experiencia de trabajo en equipo, esperando que ayude para que cada uno, desde el lugar dónde se encuentre, haga suya la experiencia y redescubra la figura de este hermano universal.

No puedo pasar por alto la citación con la que el Papa Francisco termina su encíclicaFratelli Tutti y que firmará precisamente el 3 de octubre de 2020, fecha en que p. Juan Antonio Flores sx  llegaba a Casablanca…

En este espacio de reflexión sobre la fraternidad universal, me sentí motivado especialmente por san Francisco de Asís, y también por otros hermanos que no son católicos: Martin Luther King, Desmond Tutu, el Mahatma Mohandas Gandhi y muchos más. Pero quiero terminar recordando a otra persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos.

Se trata del beato Carlos de Foucauld. Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: «Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos». Quería ser, en definitiva, «el hermano universal». Pero sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén.”[1]

Un aspecto muy importante sobre el que hemos reflexionado en Marruecos ha sido su espiritualidad. Tiene mucho que ver con la búsqueda de Dios, la encarnación y la vida oculta de Jesús durante sus años vividos en Nazaret, su amor hacia la Eucaristía por el que crece el deseo de imitación, su vivencia de la Fraternidad Universal con una exquisita bondad hacia todos y su continua conversión interior para hacer presente a Jesús a los demás al estilo de María. Ella, en el misterio de la Visitación a su prima Isabel, es portadora de Jesús y, además, en este encuentro acoge la acción del Espíritu Santo que redimensiona la vida y la fe.

Voy ahora a abordar cuatro puntos breves con los que quisiera transmitir mi experiencia.

Retiro itinerante:
“En búsqueda de Dios,
siguiendo los pasos de Charles de Foucauld”

En el equipo interdiocesano se han organizado diferentes actividades: artículos, vídeos, retiros WhatsApp, elaboración de material, exposiciones etc. Quisiera detenerme en una de estas actividades que ha sido un regalo para mi: un retiro itinerante. Este se inició en el Monasterio de Notre-Dame de l’Atlas (continuación del de Tibhirine en Marruecos) con la visita del memorial de Tibhirine y en dirección hacia las montañas del Alto Atlas marroquí, dónde viven los nómadas. Es bueno saber y recordar que Charles de Foucauld vivió en la Trapa durante siete años: en la de Nuestra Señora de las Nieves en Francia, en la de Akbès en Siria y finalmente, en Staoueli en Argelia. Los monjes de Tibhirine, ahora beatos mártires, se inspiraban en Charles de Foucauld para su presencia en Argelia.

Nuestro grupo era pequeño, pero de gran belleza en su diversidad: Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, España, Francia, Gabón, Guinea Conakry y México. La mayoría jóvenes estudiantes que viven en Marruecos, dos madres de familia, una hermanita de Jesús, un laico asistente parroquial y yo. Me quedo con las palabras de Maylise, madre de seis hijos y esposa de un militar: “Nuestro retiro ha tenido el valor no de visitar lugares por los que Charles de Foucauld haya pasado, sino personas que han continuado su espiritualidad: los monjes de Tibhirine, los de Notre Dame de l’Atlas, el padre Peryguère, Cécile y Marie (franciscanas misioneras de María) que han vivido en la tienda de los nómadas, Sharif, nuestro guía musulmán, que ha conservado la capilla de las hermanas intacta y que nos la ofrece para orar, y desde luego los nómadas que nos han acogido en su tienda en las montañas del Alto Atlas”.

Hemos vivido varias cosas que podemos subrayar: la diversidad de orígenes en el deseo de caminar juntos y hacer todo para compartir entre nosotros en fraternidad; el hecho de caminar y orar a la vez, signo de nuestro caminar en la vida y el deseo del encuentro con el Otro y con los otros; la hospitalidad de los nómadas y musulmanes, la misma que Charles de Foucauld ha vivido y de la cual ha aprendido mucho del misterio de Jesús en Nazaret y de la acción de Dios en los pueblos que nos acogen.

En la Eucaristía que hemos celebrado en la montaña, Sharif, nuestro amigo y guía musulmán, nos ha pedido participar durante la reflexión compartida, él nos decía: “Esto es lo que nos pide la religión de cada uno, pensar en el pobre, vosotros habéis decidido dejar el momento del café, de los amigos para venir a visitar a los nómadas y pobres, para conocerlos, esto es lo que Dios quiere, eso es la fraternidad”. Y un joven marfileño se exclamaba después: “Jamás pensé que un musulmán estaría en la Misa y que además pudiese participar en nuestra reflexión, ahora vuelvo a Rabat y en el tranvía ya no seré indiferente a los musulmanes, como hasta ahora, sé que ellos tienen una riqueza que darnos y nosotros debemos estar abiertos”.

Es evidente que me vino al espíritu la experiencia de Charles de Foucauld cuando hacía su exploración de Marruecos y que describía años más tarde a su amigo Henry de Castries: “El islam ha producido en mí una profunda conmoción. La vista de esta fe, de estas almas viviendo en la presencia continua de Dios, me hizo vislumbrar algo de más grande y de más verdadero que las ocupaciones mundanas. Empecé a estudiar el islam, luego la Biblia”.

La presencia javeriana en Marruecos y Charles de Foucauld

La hermana Elli Miriam, provincial de las Hermanitas de Jesús en Marruecos y Argelia estaba impresionada al saber de nosotros, los javerianos: tres sacerdotes que vivimos en una ciudad en dónde somos los únicos cristianos. Con ocasión de la preparación para la canonización, ha estado en nuestra comunidad y se ha sorprendido del amor y alegría que tenemos de vivir aquí y la convicción con la que vivimos nuestra fe y nuestra presencia en medio de los demás hermanos y hermanas musulmanes. Ver celebrar aquí, los tres, todos los días la Eucaristía que nos une al pueblo al que hemos sido enviados es la espiritualidad de Foucauld. Tal fue su impresión, que ha sugerido a Claude Rault, obispo emérito del Sahara argelino, donde se encuentra Tamanrasset, que venga para conocernos y charlar con nosotros. Claude Rault nos visitó, por cierto, y de inmediato se ha tejido una comunión convertida en lazo de amistad. Quiso, además, acompañarnos a una oración con los sufíes de la cofradía Alawiya, y nos ha hablado del Ribat-El-Salam, del que es fundador junto a Cristian de Chergé.

¿Cómo vivimos nosotros, los javerianos, el espíritu de Charles de Foucauld?

Acabamos de llegar a Marruecos para una nueva fundación en la diócesis de Tánger, para abrir una comunidad donde los principales destinatarios son nuestros hermanos y hermanas marroquíes. Nuestra familia misionera tiene como lema “Hacer del mundo una familia” de hermanos. En cierto modo nos sentimos en el mismo camino del hermano universal en medio de los musulmanes tal y como está expresado en el número 9 de nuestras Constituciones “Por nuestro carisma específico, somos enviados a poblaciones y grupos humanos no cristianos, ajenos a nuestro entorno, cultura e Iglesia de origen. Fieles a las preferencias de Cristo, nos dirigimos, en particular, entre los no cristianos, a los destinatarios privilegiados del Reino: los pobres, los débiles, los marginados de la sociedad, las víctimas de la opresión y la injusticia.”

La espiritualidad de la Visitación

El documento Servidores de Esperanza de la Conferencia Episcopal Regional del Norte de África (CERNA) del 1 de diciembre 2014 (memoria litúrgica de Charles de Foucauld), nos describe de manera bella la Misión como una visitación: “Nos gusta leer en el relato de la visitación (Lc 1, 39-56) el paradigma de la misión. Lejos de toda conquista, la misión es una Visitación. Como María, que lleva a Aquél que nos lleva a nosotros, salimos a visitar a nuestros hermanos y hermanas para ayudarles, y cada encuentro es como una efusión del Espíritu Santo, un Pentecostés. Como en el relato de la Visitación, el Espíritu es el artífice del encuentro, posibilitando la acción de gracias por los frutos recibidos, frutos que son siempre sorprendentes. … María porta la Gran Esperanza. El Espíritu empuja a María y a la Iglesia para que se den prisa. Con su trabajo en el interior de los corazones dispone a la acogida y abre a la fecundidad del Cielo. La historia de nuestras Iglesias es la historia de estos encuentros de humanidad. La gracia “de ir hacia” nos hace experimentar una alegría parecida a la que brotó durante el encuentro entre Isabel y María. Los tesoros que una y otra llevan en su seno se estremecieron dentro de ellas mismas… Nuestras Iglesias, tras las huellas de María, viven el apostolado del encuentro. Conducidos por el Espíritu, en nosotros brota la alegría cuando nuestros corazones se abren al misterio del otro. Isabel ha “liberado” el Magníficat de María.” En resumen, como me decía Jean-Pierre Flachaire, prior del Monasterio de Notre-Dame de l’Atlasnuestro trabajo es convertirnos cada día más a Cristo, para poder llevarlo a los demás, y que nosotros seamos mejores cristianos y ellos sean mejores musulmanes”.

Conclusión…

Cuando Charles de Foucauld llegaba a Tánger el 20 de junio de 1896, él no tenía fe, venía disfrazado de judío, tenía una gran inquietud en su corazón, y no se daba cuenta de que Dios lo llevaba de la mano. Su encuentro con el mundo musulmán le ha impresionado profundamente. Recibirá el premio de la Société de Géographie de Parisdebido a su libro “Reconaissance du Maroc”. Su corazón se había prendado de Dios y entraba en las iglesias con una extraña oración “Dios mío, si existes, haz que yo te conozca”. Y más tarde dirá con gran convicción “Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para él. Mi vocación religiosa data de la misma hora de mi fe. ¡Dios es tan grande! Hay tanta diferencia entre Dios y todo aquello que no lo es”.

El itinerario de Charles de F. marca a muchos jóvenes que hoy salen de sus zonas de confort al encuentro de experiencias como voluntarios. Curiosamente, muchos de estos jóvenes, en el encuentro con la fe sencilla de pueblos lejanos, vuelven a vivir la experiencia de Foucauld. Recuerdo a un joven español que, después de encontrarse con los indígenas de la Huasteca en nuestra parroquia de Sta. Cruz en México, exclamaba: “es que ellos viven a Dios. Aquí todo te habla de Dios, la naturaleza, la gente, las celebraciones de fe”.

Quisiera referirme al libro de Christian Salenson “Témoins de l’avenir Charles de Foucauld, Luis Massigon, Christian de Chergé”. En sus conclusiones, nos invita a redescubrir el tiempo de la misión en el que vivimos, a una conversión del discurso de la conversión, a darnos cuenta de que existe un nuevo paradigma de la misión en el que se vive una hospitalidad fecunda, la fraternidad universal, el diálogo de salvación, la oración unida a la misión y la Eucaristía como sacramento de la misión de Dios y en diálogo con el islam. “Charles de Foucauld fue particularmente un innovador. La celebración y la presencia eucarística no fueron únicamente elementos importantes de su espiritualidad. La celebración y la adoración eucarística eran su misión en medio de los Tuaregs… (Sin la Eucaristía) no era la misa que le faltaba, sino la misión misma no tenía sentido y razón de ser: conservar el signo de la presencia eucarística[2].

Elli Miriam nos decía que los momentos de comida con los musulmanes son una celebración eucarística. Así lo hemos vivido este pasado mes de abril, en la Pascua Misionera del Encuentro, con unos jóvenes españoles y nuestros hermanos de la cofradía Alawiya de Tetuán, viviendo el Iftar (ruptura del ayuno), momento en que ellos terminan el ayuno cotidiano del Ramadán. Hemos experimentado comunión y oración, presencia divina, presencia humana y una gran alegría que da paz.

Charles de Foucauld: siguiendo tus pasos aprendemos a vivir la misión en nuestro siglo XXI. Que el Espíritu Santo nos abra a su acción; que, como decía Jean-Pierre Schumacher, “nuestra tarea sea la de percibir la acción de Dios en nuestros hermanos musulmanes” y en todos los demás hermanos y hermanas que no comparten nuestra fe y que son ocasión para descubrirnos en camino hacia Dios.

Rolando Ruiz Durán sx

[1] Fratelli Tutti, 286-287.

[2] Christian Salenson, Témoins de l’A-venir Charles de Foucauld, Luis Massigon, Christian de Chergé. Publications Chemins du Dialogue, Marseille, 2021, pp.296.